Para comenzar a enmendar el gran desastre político-social dominicano. ¿Por dónde, y cómo?

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La verdad es que, cuando se escuchan algunos analistas políticos, como a verdaderos periodistas que tenemos en el país, jamás enganchados a la red del bocinaje pagado que tiene el Gobierno de turno, para defender sus desaprensivas ejecutorias, abordar la delicada y preocupante situación por la que vienen atravesando los dominicanos, en los diferentes órdenes presentes, las preguntas que de inmediato asaltan son: ¿qué hacer para enmendar?, ¿y, por dónde comenzar?

Reparando con relación a la forma que opera el sistema político dominicano, que se encuentra  en la base de todo este desorden institucional, corruptela estatal, inseguridad ciudadana, delincuencia por doquier, y endeudamiento gravoso con el exterior; como, la descomposición de las entidades del género; y,  los malos manejos que se dan en los procesos electorales para escoger las autoridades gobernantes, entre otras cosas,  amén de la pacífica invasión haitiana de que viene siendo objeto fácilmente el país, se llega a la conclusión de que, lo que más contribuiría con la obtención de los correctivos pertinentes, es el que se pueda lograr una verdadera separación entre los tres Poderes del Estado nacional: Legislativo, Ejecutivo, y Judicial; que haya una real independencia laboral entre ésos.

Para ello, la “piedra angular” requerida tiene que ser el Poder Legislativo; un Congreso de la República compuesto por senadores y diputados aptos, como probos; no politiqueros busca lo de ellos, como es lo ordinario, que a ninguna sociedad representan; gente con conciencia ciudadana, y preparación académica suficiente, que pueda servir de contrapeso a todas las decisiones impopulares e injustas que puedan emanar del Poder Ejecutivo; nunca amarrada por completo, políticamente, al partido de gobierno en gestión que se tenga.

De ahí que se imponga la necesidad de que, quien gobierne jamás deberá tener mayoría parlamentaria en ambas Cámaras, de forma tal que el primer mandatario de la nación no pueda hacer cuánto le venga en gana, con el beneplácito total de sus congresistas adeptos.

Hay que definir entonces, una fórmula, electoralmente hablando, de manera tal que siempre se verifique un equilibrio comicial entre el oficialismo operante y la oposición, para que toda vez se produzcan decisiones “respaldatorias” de consenso. ¡Tarea para los politólogos nacionales!

Con un Congreso así conformado, preferentemente libre de ataduras políticas parcializadas por completo, cabe reiterar, la primera decisión correctiva, que con firmeza se debe promover a lo interno del mismo, es suprimir la subvención estatal gravosa y burlona que reciben los partidos políticos, para costear campañas electorales, francachelas, y demás “yerbas aromáticas”, a los fines de que se piense en trabajar por el país, y no en cuartos para disfrutar, y enriquecer a sus mayores representantes.

Eso, en adición a legislar y aprobar, con voluntad sentida, la ley a regir esas entidades, como contrarrestar sus malas acciones, por haberse convertido desde hace tiempo en burdos negocios lucrativos.

Además, ese nuevo escenario congresual permitiría la conformación de un Poder Judicial con independencia mental total; que, administre y aplique justicia sin distingo alguno, y con firme adhesión a la ética, como al llamado debido proceso. ¡Qué tenga la condición de ciega, siempre necesaria!

Es la única forma de acabar con la corrupción, la impunidad, y las lenidades generalizadas de estilo en esta nación, asociadas con las infracciones todas a las leyes vigentes.

Por lo expresado, es obvio entonces que, la zapata para los cambios en el poder político, con trascendencia hacia lo social, hay que echarla a nivel del Poder Legislativo, el Congreso de la República. Desde ahí solo se podría controlar al Poder Ejecutivo, en sus andanzas antisociales, y conformar un Poder Judicial apto e independiente por completo.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

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